Carta del Director

Actualmente en la mayoría de academias, escuelas y empresas dedicadas a la enseñanza de idiomas anuncian a bombo y platillo en sus folletos y páginas web que todos sus profesores son nativos. Parece ser un buen reclamo publicitario e igualmente parece ser suficiente para dar a entender que lo tienen todo para enseñarnos un idioma.

Hay muchos prejuicios en cuanto al profesor no nativo, porque se considera que para enseñar un idioma solo es necesario saber hablarlo, algo que se aprende sin ningún esfuerzo. Consideramos que esta labor no requiere ningún tipo de formación y por consiguiente se considera a un nativo mucho más preparado que a un profesor con formación en otro idioma distinto al materno. Desde Aprending tenemos otra idea. Ante esta situación debo decir que el profesor no nativo cuenta con preparación y experiencia pedagógica y por ello tiene la suerte de enseñar el idioma de forma comparativa, por lo que su enfoque coincide con el del alumno.

Desde mi propia experiencia como estudiante de idiomas, principalmente de inglés, en distintos centros de Madrid -más caros o más baratos, de renombre o desconocidos- debo decir que cuando más y mejor he aprendido ha sido cuando el profesor estaba cualificado, tenía experiencia y, además y no menos importante, estaba motivado y le gustaba enseñar. Da igual si era nativo o no.  De nada sirve que sea nativo si trabaja como profesor de idiomas temporalmente mientras vive en España un período de tiempo, o mientras aprende español y encuentra un trabajo adecuado a sus estudios. 

Piensa por un momento si tu serías capaz de enseñar tu idioma nativo. Yo tengo clarísimo que no sería capaz de enseñar español. Por supuesto sabría corregir los errores en una conversación, pero incluso los nativos cometemos errores, como el conocido léismo / laísmo de Madrid.

Pero no nos confundamos. Si el profesor nativo está cualificado y motivado, por supuesto que tiene ventajas al enseñar su propio idioma. Incluso puede que sea más recomendable para niveles avanzados. Por otro lado, el no nativo tendrá la ventaja de tener la experiencia de haber aprendido el idioma, al igual que lo tienen que hacer sus alumnos, y podrá usar su experiencia como alumno para tratar de ayudar y enseñar mejor.

Pero independientemente de los profesores, considero que es fundamental en la enseñanza de idiomas que la metodología se centre en la mejora de la fluidez de la conversación y en la corrección gramatical. Por mail todos podemos tener un nivel suficiente para hacernos entender, pero el speaking es otra cuestión. En muchos centros en los que he estudiado, agrupaban a los alumnos por el nivel que demostraban con un test escrito. Para mí esto es un error ya que muchas personas tienen un nivel bueno de gramática por el colegio y la secundaria, pero prácticamente no han practicado inglés. Y la mayoría de las ocasiones el nivel de un idioma se demuestra hablando. En el trabajo en una reunión con extranjeros, de vacaciones en un país de habla no española, etc. Por tanto, esta debe ser la forma de crear los grupos en un centro de estudios.

Para conseguir esa fluidez hay que corregir al alumno constantemente y hay que hacer que hable y se equivoque. El alumno tiene que percibir que su nivel mejora durante su estancia en la escuela. Que coge soltura y que se siente más cómodo cada vez hablando un idioma.

Así es cómo yo he aprendido inglés, francés y un poco de húngaro. Hablando, hablando y hablando. Poco a poco vas aprendiendo lo que está bien y lo que está mal, aunque no sepas a la perfección la regla gramatical. La sensación de hacerse entender en un idioma no materno bien merece el esfuerzo del estudio. Además de abrir la mente a otras culturas y lugares.

David Fernández de Cañete
Director de Aprending Idiomas

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